» APAyer jugaron
Milan vs Real Madrid, por la
Liga de Campeones y si uno se detenía a ver las camisetas, se podría haber dado cuenta que más allá de compartir el mismo sponsor, el nombre que aparecía era distinto.
Milan usó Bwin.com, mientras que
los españoles tuvieron que aparecer con un extraño Win.com. La situación ya sucedió en la Casa Blanca, cuando el conjunto italiano tuvo que sacar la B de su casaca.
La relación
Real Madrid-casas de apuesta-UEFA parece no encajar. En Zurich, en el primer encuentro de la Champions 09/10, apareció con una remera negra sin publicidad, ya que las autoridades suizas prohiben este tipo de sponsors. A excepción del Reino Unido, Malta, Chipre e Italia, la mayoría de los países de Europa empezaron a aplicar leyes para regular la publicidad de las casas de apuestas, como alguna vez sucedió con las tabacaleras.
Pero la explicación de la desaparición de la primera letra corresponde a
la reglamentación de la UEFA. "
Si dos equipos tienen el mismo patrocinador en la camiseta, el equipo local podrá disponer del logo en la equipación, mientras que el visitante deberá cambiar la imagen de su camiseta por la publicidad de algún producto de la compañía”, sostiene la letra fría.
Por ello,
Win.com (
una plataforma de producto que pertenece a bwin Interactive Entertainment AG, donde los usuarios pueden encontrar información sobre productos de bwin como poker, casino y apuestas deportivas) se paseó por el Bernabéu en el partido de ida y ayer por San Siro.
Pero no todo termina acá: tampoco podrá lucir dicho logo en su camiseta el próximo 8 de Diciembre ante el
Olympique de Marsella, en Francia. En fin, un acuerdo que se extendió el pasado septiembre, hasta 2013, por
20 millones de euros al año, sólo se puede usar sin problemas en la liga local.
De paso, la camiseta del Real Madrid sigue de racha: Bwin.com reemplazó a BenQ, que se declaró insolvente ante un tribunal de Munich y ahora está en quiebra. En 1982, la marca italiana Zanussi llegó para quedarse, pero en 1982 tuvo que cerrar la mitad de sus plantas. Con el tiempo vino Parmalat y la historia la sabemos todos; tras algunos años de contrato, la justicia italiana descubrió un agujero de 4.000 millones de euros y la quiebra fue cuestión de días. Por principios de la década del 90, Otaysa puso su marca en la camiseta blanca y en 2000 declaró la suspensión de pagos.