Dura crítica desde Uruguay a la Copa América: "Una copa de tercer mundo"


Complicada esta Copa América. La organización, menos diez, el apoyo logístico, no existe, los periodistas somos ciudadanos de tercera categoría. Y lo que es peor, nadie se hace cargo de los vuelos cancelados, de las horas de trabajo perdidas, de los problemas que ello acarrea, y de las falencias que existen en todos lados.
Milagro. Ya desde el inicio se vio que esto iba a ser un caos. No sólo consecuencia de las cenizas volcánicas del Puyehue chileno, sino de los problemas gremiales solapados detrás.
En el arranque de la Copa, Aeroparque cerrado, pero no para todos los vuelos. Lan, por ejemplo, salió. Y si le cancelaron algún vuelo, lo reprogramó. ¿Acaso los pilotos de Lan son super hombres? ¿Tienen aviones diferentes? Uno supone, imagina que no. El personal de Aerolíneas Argentinas, mil puntos, nada que decir. El problema es de fondo, "hay conflicto con los pilotos, pero nadie quiere decirlo, reclaman pagos y mejoras salariales", dijo una fuente de la aerolínea. Ya está. La llegada a Mendoza, fue un milagro.
Aventura. Pero eso no es todo. El viaje desde Mendoza hacia a San Juan, sede del primer partido de Uruguay ante Perú, fue otra aventura. Sin buses disponibles, sin líneas reforzadas, la mayoría de los periodistas del continente tuvimos que alquilar remises, los que tenían equipos numerosos, terminaron transando con buses chicos, con capacidad para 12 personas, y todo bien. Otros, los más afortunados, o los que sí disponían de tarjetas de crédito con respaldo bancario, viajaron esos 167 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, en coches de alquiler.
Pero ahí no termina la historia. Al llegar a San Juan, ciudad acogedora por cierto, otro caos para poder hacerse de los tiques del partido. Colas interminables, protestas y reclamos, a ¡cinco horas! del juego.
Insultos. A una de las tantas mentes brillantes de la organización, se le ocurrió "arrear" a los miles de periodistas a un salón de actos. Y sin orden de llegada ni por número o lo que sea, se empezó a llamar ¡de a uno! a solucionar su acreditación. Una joda, por no decir otra cosa. Seis "voluntarios", como se les llama a los colaboradores en cada sede, debidamente identificados por acreditaciones, chalecos azules y remeras blancas, miraban como uno de los representantes de la AFA tildaba a los que iban subiendo al estrado. Ergo: tres horas de espera en un clima espeso, lleno de insultos, de garroneros, y de gente que terminó tirando uvas al escenario en donde se había montado un improvisado control de prensa.
Tras el caos y la locura, hubo que emprender el camino al estadio, distante a diez kilómetros de la ciudad, en donde estaba ubicado el Centro de Convenciones. Y allí más trabas. La zona de exclusión estaba delineada a casi dos kilómetros del estadio. Cientos de móviles de prensa no tenían el cartón de pase. Otra vez la espera y la demora. Todos llegamos al partido con el corazón al mango y rezando para tener el lugar para trabajar.
Escaleras para un lado, escaleras para otro, y al final, el pupitre asignado: casi detrás de uno de los arcos, con una sola línea para trabajar, con el wi-fi que se caía a cada rato y con los modems que no funcionaban.
Drama. Pues bien, pasó San Juan, y uno (iluso) pensó que en Mendoza iba a ser diferente. Y en parte lo fue. La entrega de tiques "sólo" demoró una hora. Pero en el remozado Malvinas Argentinas, en una buena ubicación, el drama estuvo en las conexiones de red. Una sola por escritorio, y un solo enchufe.... increíble pero cierto.
Y ahora, en la partida desde Mendoza a Buenos Aires, la misma historia: "Los vuelos a Aeroparque están cancelados", dijeron en Aerolíneas. Sin embargo, al lado, a dos metros de distancia, largas colas de pasajeros esperaban hacer el check in en Lan ¡para Aeroparque! La excusa y las explicaciones fueron las mismas: "Las cenizas volcánicas". Está bien que a uno no lo ayuda la cara, pero "pelado sí, pero no boludo". El verso ya no cabe. Todos vuelan menos uno. Y ni qué decir que los taxis casi no salen por falta de combustible, que las colas en las estaciones de servicio son eternas, que no hay monedas para el cambio y siempre el que pierde es el consumidor: "Te debo 50 centavos viejo ¿sí?", y no hay drama... todo vale, todo está bien.
Sin vuelos, con pocos taxis, sin monedas y con una organización que da ganas de llorar. La Copa América de Argentina es el fiel reflejo de un país de tercer mundo. Es triste, pero es la realidad. Y duele escribirla.

Por José Mastandrea (@josmastandrea) | El País / Ovación (Uruguay)

Escrito por San_Felipe en martes, julio 12, 2011. Etiquetas , , . Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a esta entrada

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