¿Quién dijo que todo está perdido?



"¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón..." cantaba la inolvidable Mercedes Sosa a mediados de la década del ochenta. Treinta años después el plantel de Quilmes bien podría izar esa frase como bandera de guerra. El revitalizado Cervecero, considerado descendido en la previa del Clausura, resurgió de sus propias cenizas y edifició una esperanza inpensada pocas semanas atrás. 

El camino siempre fue árido en cuanto a resultados. Nunca pudo afirmarse en la Primera División. Tras el ascenso los dirigentes decidieron dar un golpe brusco de timón. Hubo una renovación casi completa del plantel y llegó Hugo Tocalli en reemplazo de Jorge Ghiso, el entrenador que devolvió al Cervecero a la máxima categoría del fútbol argentino tras cuatro temporadas. El irregular cierre de campaña y los cuestionados planteos de Vitrola provocaron la desvinculación con el entrenador. La base del equipo del Nacional se despedazó y el proceso comenzó totalmente de cero. Se fueron quince jugadores y llegaron otros catorce. Sin tiempo para armar y pulir el equipo, el ex entrenador de Vélez debió ir probando sobre la marcha. El Fortín le dio la estocada final al ciclo Tocalli en la undécima del Apertura. Sin victorias, sumó seis puntos de 33 posibles. 

Leonardo Carol Madelón fue el elegido para reencausar el proyecto. Debutó una jornada más tarde con la derrota por 2-1 ante Banfield. Dos fechas después cosechó la primera victoria del Cervecero desde su vuelta a primera, frente a Godoy Cruz como local con los goles de Leandro Gioda y Gervasio Núñez. Tras la derrota en la cuarta del Apertura frente a Tigre Madelón pegó el portazo producto de una anémica campaña en donde cosechó trece puntos en doce fechas.

Acorralados por un futuro practicamente inapelable los dirigenes fueron en busca del hombre experto en milagros para esquivarle al descenso. Ricardo Caruso Lombardi aceptó la oferta, en ese momento una inmolación por un presente que parecía irremontable. Huracán, un rival directo en la feroz lucha por quedarse en Primera, amargó su primera presentación. En la décima fecha sumó de a tres por primera vez y a partir de allí hilvanó tres victorias y un empate, obteniendo diez de los doce puntos posibles. Esa impensada y magnífica racha despertó ilusiones que estaban ya sepultadas. Después de la primera alegría frente a Newell's, Vélez y Banfield se rindieron a los pies de la incontenible esperanza Cervecera. Ante Gimnasia, otro de los contendientes en la batalla por no descender, rescató agónicamente un punto. A pesar de que sigue último en la tabla de los promedios y hundido en el descenso directo en el sur de Buenos Aires la ilusión sigue intacta gracias al andar del equipo en las últimas jornadas. 

Agonizando por un destino presuntamente inevitable, Quilmes decidió salir a matar o morir y se enrroló en el golpe por golpe, el "in fighting" del boxeo. Su consigna es "lastimar más que el rival". Si recibe dos goles el objetivo será convertir tres. Apuesta todo a su bastión ofensivo, descuidando aún más su débil funcionamiento defensivo. 

El arribo de Caruso produjo un drástico cambio en el Cervecero, especialmente en lo anímico. Durante el Apertura y las primeras fechas del Clausura un gol era lapidario para Quilmes. No tenía reacción y aunque quedaran muchos minutos todavía en el reloj el final estaba cantado. Cada partido era un nuevo capítulo en el calvario que era su aventura en la Primera División. La llegada del técnico que en su currículum tiene numerosas luchas contra el descenso (todas ganadas) le impimió otra personalidad al equipo, lo llenó de confianza y transformó a un grupo que pululaban casi sin ánimo por las canchas del fútbol argentino. Caruso transformó a Miguel Caneo en el conductor futbolístico de su esquema, a Martín Cauteruccio en un revolucionario y a Pablo Vázquez, uno de los tantos nombres que rescató del ascenso, en un goleador formidable. "Quedan seis partidos si ganamos cuatro, estamos en la Promoción" declaró Caruso hace días y agregó "Todavía estamos vivos, pero más allá de salvarnos o no este equipo merece un reconocimiento porque está dejando todo en la cancha".

Ahí van los jugadores con su ilusión intacta a cuestas y ofreciendo su corazón a su fiel tribu, los Indios Kilmes. La salvación parece utópica, una locura lejana cimentada en pequeñas realidades, en epopeyas construídas con su corazón y alimentadas por las virtudes de la hombría, la valentía y el coraje. La B Nacional lo acecha y, perdido por perdido, decidieron morir de pie como el campeón que, destrozado después de una árdua batalla, solo se sostiene por su orgullo y por su estírpe. Mientras la matemática y los números reflejen una mínima esperanza, ¿Quién dijo que todo está perdido? Ahí viene Quilmes a ofrecer su corazón. 

Escrito por Matías Baldo en viernes, mayo 13, 2011. Etiquetas , , , . Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a esta entrada

2 comentarios for "¿Quién dijo que todo está perdido?"

  1. El último párrafo, íntegro, te cagó la nota.

  2. gran nota Baldo,hoy dimos un paso atras pero hay que seguir luchando,hasta que quede el ultimo hilo de aliento

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