La impotencia de unos hizo feliz a los otros

Todos Putos. No, Martín, vístete despacio (?). Hablamos de los players de River.

Cuando se habla de impotencia no estamos usando el vocablo dentro de cualquier connotación sexual, no se refiere a una falla erectiva, ni mucho menos. Cuando se habla de impotencia se intenta graficar, de alguna u otra manera, la sensación que invadió el Monumental de Nuñez ayer por la noche. Ya sea dentro del campo de juego o en el alma de la parcialidad local. Impotencia, imposibilidad, inutilidad, incapacidad, minusvalía, ineptitud, insuficiencia, deficiencia, falta, carencia, defecto, esterilidad, agotamiento, debilidad, frialdad, indiferencia. Todos sinónimos que describen lo sucedido ayer. De un lado, claro está. Porque si hay que referirse a cómo se vivió el partido en el terreno azulgrana, debemos utilizar la cantidad de antónimos que nos posibilite el diccionario. La impotencia de unos fue el puntapié para el descontrol, la locura y la felicidad del pueblo de Boedo todo.

Histórico. Sí. También heróico. San Lorenzo, con nueve hombres, le empató a River un partido que parecía perdido, liquidado. Los Millo ganaban 2 a 0, Pezzotta dejaba al visitante con dos expulsiones a cuestas y el gol anulado por un offside inexistente no parecía interesar en el banco de Simeone. River debía mantener el resultado, agrandar el combo y hasta pedir el postre. La fiesta copera roja y blanca del inicio del cotejo, el dominio de las acciones del juego y un marcador que no mentía eran motivos suficientes para creer que Ramón Díaz y cia. debían seguir la Copa por TV, siempre y cuando Tinelli los deje.
Pero vaya jugarreta del destino. D'Alessandro, insultado por sus declaraciones previas al superclásico, tomó la bandera, Bergessio -aquél que se escapó de un Racing en decadencia- fue la salvación y el empate fue la hazaña consumada, el grito de guerra de nueve guerreros, la frutilla del postre para un cuerpo técnico -ganador e idolatrado- que fue rajado a patadas del club donde ganó todo, por culpa de ineptos con poder y abogados con papada. "Hay que buscar otro perfil", pronunciaba Aguilar hace un tiempo. Sí, el perfil ganador, la década, donde River ganó la Copa Libertadores, viajó a Japón, obtuvo el tricampeonato argentino, logró congeniar el mejor fútbol de los últimos tiempos, de la mano de Delem promovía juveniles for export y nadie le hacía sombra dentro de nuestras fronteras, había que cambiarla por otra, de un perfil perdedor y nefasto. Bienvenido sea, para los demás equipos.

San Lorenzo no fue superior, no tuvo la pelota más tiempo que River, ni apabulló al rival de tal manera de merecer el pase a cuartos de final de la Copa Libertadores. Pero solo con el resultado y con la remontada del segundo tiempo se merece el acceso a cuartos, semi o donde quiera. River, por su parte, solo fue una decepción y merecida tiene la eliminación. Incomparable, obviamente, con la final del 66 -una final!- o con 18 años de frustración local. Aunque algunos piensen lo contrario. Pero un fracaso con todas las letras, un partido que es imposible perder, empatar o lo que sea. Un encuentro que solo encuentra su explicación desde la impotencia de unos y la felicidad de otros.
¿Quién se salva en River?. En caliente nadie, en frío algunos, muy pocos. ¿Quién se merece una estatua en SanLoré?. En principio todos, en frío los jugadores que lograron levantar aquellas putedas azulgranas de 2006 y de este verano por aplausos y festejos azulgranas hasta las primeras horas del viernes. Sí, porque más allá de que hoy sea un "Viernes de crucificción" para los hinchas de River, no quedan dudas de que ayer fue un "Jueves Santo", y con todas las letras.

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Escrito por San_Felipe en viernes, mayo 09, 2008. Etiquetas , , , . Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a esta entrada

1 comentarios for "La impotencia de unos hizo feliz a los otros"

  1. No se si lo del 66 fue peor. Si bien se perdió una final que se tenía casi en el bolsillo, ese partido fue en Chile (no en Núñez) y fue 11 contra 11. Además Peñarol era un equipazo con figuras como Mazurkievicz, Spencer, Pedro Virgilio Rocha, Abbadie, etc. No era ninguna verguenza perder contra esos fenómenos que luego le ganaron al Madrid en el Bernabeu por la Intercontinental.

    Lo de anoche fue lo peor que yo he visto en mis 25 años de recuerdos de fútbol, no tengo palabras para explicar tal desastre. Algunos como Falcao, Rosales, el chileno vendehumo, Cabral dieron verguenza, cagones increibles. Otros no estuvieron tan mal pero de cagones no se salva ninguno.

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